Somos equilibristas borrachos

No darle importancia e incluso desconocer la hormona que invade nuestro cerebro. Muchas veces no es culpa nuestra, sino falta de información. La dopamina maneja nuestros impulsos y nos bloquea hasta el punto de suprimir la compañía de uno mismo en un mundo repleto de personas, animales y cosas increíblemente difícil, entonces, por descubrir. Somos equilibristas borrachos de nuestras propias alturas, a veces, tan altas como para llegar al infinito y otras tan profundas como para tocar el punto caliente de nuestros subsuelos. Es complicado entender qué es lo apropiado o lo inapropiado cuando el placer interactúa con nuestros sentidos disturbando continuamente nuestra realidad. 

Una colaboración de Jesús Molina

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